Eso es lo primero que aprendemos cuando nos hacemos mayores, y una de las primeras cosas que enseñamos a nuestros hijos. El problema en el ciberespacio, no obstante, es enseñar ese peligro del desconocido. En la Red, es difícil reconocer a los desconocidos. La gente con la que chatean los niños entra en tu casa a través de tu ordenador. Nuestros chavales se sienten seguros porque están en casa, más aun si estamos sentados por allí cerca. Sus radares detectores de extraños no funcionan en esa situación. Pero tienen que aprender que, a menos que ya conozcan a esa gente en la vida real, tienen que tratar a todo el mundo como desconocidos sin importar durante cuánto tiempo hayan estado chateando. Punto.

Tienes que recordarles que esa gente, incluso si los consideran sus amigos de Internet, son en realidad desconocidos y que se deben aplicar con ellos todas las reglas estándar acerca de los extraños. También debes enseñarles que cualquiera se puede enmascarar en la Red para fingir ser alguien distinto. La chica de 12 años con la que han estado charlando, puede ser en realidad un hombre de 40 años. Es fácil para nuestros hijos divisar a un adulto en un patio de colegio, pero no es tan fácil hacerlo en el ciberespacio.

(Extraído de Internet con los menores riesgos, de Parry Aftab)

Internet con los menores riesgos